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Más que un deporte, gajes del oficio Por Stephany Bolaños stef_0078@hotmail.com Quedarse dormido en clase. Desvelarse todas las noches haciendo deberes. Perderse reuniones sociales con la familia, o en un lenguaje más juvenil, las típicas parrandas con los amigos del colegio, de la U o del trabajo. Sentirse adolorido y cansado. Quejarse de alguna lesión, mientras los amigos se quejan de una resaca. Hacer los exámenes finales una semana antes que los demás por tener evento deportivo. Y para agregarle un toque especial, sentir que a veces quisiéramos formar parte de este grupo de personas que, a diferencia de nosotros, tienen más tiempo, más amigos, más fiestas acumuladas en su record, menos lesiones, y tal vez mejores calificaciones. Estos son solo algunos síntomas de un típico deportista y seleccionado nacional. Sin embargo no todo es como parece. Tener el honor de representar a Guatemala causa que todos los factores previamente mencionados no signifiquen nada. No son sacrificios, porque como mencioné en la columna anterior, los sacrificios no existen. El día a día de un deportista se presenta con oportunidades para poner en alto el nombre de nuestro país. ¿Qué más que eso? Aunque eso signifique aclarar algunas prioridades, aprender a manejar mejor el tiempo y enfrentarse a duros regímenes de entrenamiento, ningún deportista me dejará mentir; al final vale la pena. El deporte además deja lecciones importantes. Me atrevería a decir (sin ánimos de desmeritar el valor de un maestro), que uno aprende de manera más interesante a cerca de la vida, cuando está de frente a experiencias valiosas, como las que ofrece el deporte. Porque son las propias experiencias las mejores maestras. Para empezar, el deporte trae un paquete incluido de valores importantes para la vida: responsabilidad, respeto, empatía, perseverancia, coraje, confianza, tolerancia, no terminaría de escribir… Pero sobre todo esto, el deporte da la oportunidad de sentir lo que pocos alcanzan a sentir en la vida, y es la sensación de cumplirle a 14 millones de guatemaltecos en nuestro país. Representar a Guatemala en eventos internacionales nos convierte en patriotas con ganas de poner en alto los colores de nuestra bandera. Nos da la oportunidad de devolverle a nuestro país un poco de lo mucho que nos ha ofrecido. Conocer de distintas culturas y personas, nos convierte en personas con una cultura general muy bien desarrollada (¡aunque no lo crean!) Saber que nuestros esfuerzos al final son recompensados y que cumplimos lo que nos propusimos, es una sensación indescriptible. Los deportistas somos diferentes. Tal vez no asistamos a todas las reuniones familiares, pero le damos a nuestra familia un motivo más para reunirse y con ello, orgullo de que un seleccionado nacional sea miembro de su familia. Tal vez no tengamos las mejores calificaciones, pero sabemos más de historia porque hemos estado ahí. Tal vez no conozcamos a los “más populares”, pero nos topamos con los mejores atletas y los máximos representantes de diferentes países. Tal vez dejamos por un lado algo que considerábamos importante, pero le devolvemos a Guatemala un poco de lo que nos da. Tal vez nos esforzamos demasiado en los entrenos y regresamos cansados y adoloridos, pero tenemos el honor de vestir el uniforme de la selección con el azul y blanco. Entonces les pregunto, ¿vale la pena invertir nuestro tiempo en algo como el deporte? Ustedes díganme.
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