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Más que un deporte, ¿Cuál es tu destino? Por Stephany Bolaños stef_0078@hotmail.com Enero llega cada año con una típica lista de propósitos, un montón de promesas, algunas metas que no siempre se cumplen, y un repertorio de sueños que, al no alcanzarse, suelen causar grandes desilusiones y decepciones. Sin embargo, este mes también viene cargado de nuevas energías, esperanzas y visiones positivistas para los siguientes doce meses del año. Antes de seguir, vale la pena mencionar el significado de una palabra que suele toparse en nuestras vidas. La palabra encargada de presentarse en nuestro camino sin ningún aviso, y la que usualmente mencionamos cuando los acontecimientos en nuestras vidas parecen llevar un rumbo fijo que ya estaba predestinado, o que nosotros mismos creamos. El destino es una fuerza desconocida que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos. Según el diccionario, es además, el punto de llegada al que se dirige una persona o cosa. Con el paso del tiempo, he aprendido que la vida es una serie de acontecimientos que nos presenta opciones; está en nosotros decidir qué camino tomar. Pienso que nuestro paso por el mundo ya está trazado; pero tenemos oportunidad de elegir. Todos, absolutamente todos, estamos destinados a triunfar. Sin embargo, está en cada quien decidir si emprender la lucha, o si conformarse con lo usual. El destino está marcado por las decisiones que tomamos (y por las que no). En gran parte, también está constituido por los consejos que recibimos (o por los que decidimos desechar). Depende en un gran porcentaje, por los esfuerzos que hacemos y por las oportunidades que tomamos (y algunas solo se presentan una vez). Y hasta me atrevería a decir que funciona a nuestro favor si tenemos la fe suficiente para lograr eso que tanto deseamos. Para hacerlo, vale la pena ver hacia el frente y dejar el pasado atrás. Las metas que no pudieron alcanzarse antes, los errores que se cometieron, las palabras que no se dijeron y los esfuerzos que se dejaron de hacer tendrán que pasar a ser parte de un montón de recuerdos que no vale la pena volver a mencionar. Es pérdida de tiempo. Si se quiere llegar lejos en la vida, hay que ver al frente. Hace unos días tuve la oportunidad de compartir experiencias con un amigo que se fue el año pasado a estudiar a Holanda. Ha viajado por muchísimas ciudades y ha vivido muchísimas experiencias. Cada una de éstas le ha dejado una gran cantidad de lecciones y conclusiones de la vida que se han convertido en verdades importantes para mí. Hay que dejar a un lado los egoísmos. El egocentrismo y la constante preocupación por nadie más que nosotros mismos nos impide ver las necesidades de las otras personas. La satisfacción es mucho más grande al dar que al recibir. La familia es una de las posesiones más preciadas que se puede tener. Los amigos vienen y van, pero la familia está ahí en los momentos más críticos, y aunque a veces hay conflictos y diferencias, son éstas las personas que van a dar la cara por nosotros y nos van a apoyar. No hay que tratar de cambiar el mundo. Tenemos que empezar por nosotros mismos. Con nuestro ejemplo, otras personas van a querer dar su aporte. Se empieza por conocernos a nosotros mismos, y luego sembrar cambios positivos en los demás. No vale la pena tomarse la vida demasiado en serio. Es mejor aprender de nuestros errores que condenarnos constantemente por cometerlos. Hay que perdonar. La vida es más corta de lo que parece y no vale la pena tener rivalidades con alguien más. Aunque sea de las pruebas más difíciles y requiera de mucha fuerza de voluntad, vale la pena perdonar y dejar ese peso en el pasado (con las demás cosas negativas de las que hay que olvidarnos). Hay que hacer lo que a uno le gusta. A veces olvidamos el poder que tiene nuestro corazón y lo mucho que puede equivocarse nuestra mente. La verdadera felicidad está en hacer lo que uno ama, sin importar los estereotipos, ni las barreras, ni las críticas. Es importante fijarse metas. Tener algo por qué luchar nos convierte en personas con deseos de superarnos y de comprender el valor de las oportunidades y el esfuerzo. Al final, la vida es como el deporte. Triunfan los que se fijan metas, luchan y perseveran. La carrera puede ser larga, pero sacrificarse para lograr lo que uno sueña siempre vale la pena. Es más, “sacrificarse” ni siquiera es la palabra para describirlo. No existen los sacrificios, solo los esfuerzos. Sacrificio es una palabra demasiado fuerte para describir el trampolín que nos ayuda a alcanzar lo que queremos. Está en nosotros alcanzar nuestros sueños y lograr nuestras metas. Como dije, la vida nos da opciones, nosotros tenemos la última palabra. ¿Cuál es tu destino?
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