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Más que un deporte, Guatemala tiene que despertar Por Stefany Bolaños stef_0078@hotmail.com “¡NO MÁS CUBANOS!”, gritaban varios guatemaltecos indignados después del vergonzoso resultado de la selección femenina de voleibol en el Centroamericano Juvenil. El equipo de Guatemala perdió tres sets a cero (25-11, 25-20, 25-14) contra un equipo tico bien consolidado con jugadoras inteligentes que demostraron todo su potencial. De hecho, las ticas se dieron el lujo de meter a la banca a jugar en el segundo set, y solo en esa ocasión lograron hacer más puntos las guatemaltecas. Es triste escribir que esta es, otra vez, la misma historia de siempre. La semana pasada se dio exactamente lo mismo con la selección femenina Infanto-Juvenil, que perdió 3-1 contra Costa Rica. La federación de voleibol estaba abarrotada de gente, todos dispuestos a apoyar a su país. Las chapinas estaban jugando en casa, con el público a su favor, y con suficiente preparación (supuestamente). En mi opinión personal, el problema no recae en las jugadoras; el principal responsable es el entrenador. No quiero inculpar a nadie en esta columna; no se trata de eso. Pero cuando regresé a mi casa después de esa fatal derrota, no podía dejar de pensar ¿qué fue lo que pasó? El proceso de preparación para un campeonato centroamericano requiere de tiempo, esfuerzo y voluntad. Talvez las jugadoras aportaron todo eso, pero los entrenadores no supieron usar estos elementos a su favor. Decepcionante, si. El entrenador principal, un cubano que lleva ya varios años en Guatemala, reaccionó en el partido de manera incompetente. Aunque ¿porqué adelantarme al partido? Se debe empezar por el principio: un proceso bien hecho no puede dar excelentes resultados en poco tiempo. Existen los milagros, pero en el deporte es diferente. Lo que Guatemala necesita es preparar a los atletas desde una corta edad. Científicamente comprobado, de pequeños uno aprende las cosas más rápido. Y no se necesita una estadística para comprobarlo. Además, si prepararan a los atletas con tiempo suficiente, no sólo aprenderían mejor, si no que ganarían más experiencia. Porque eso es lo que ofrece el tiempo ¿o no?: experiencia. Los entrenadores no pueden esperar que al traer atletas departamentales puedan pulirlos en un año o menos y entonces hacer milagros a la hora de los partidos importantes. Estoy en total acuerdo con buscar talentos en el interior, porque hay muchos. Los jóvenes de los departamentos cuentan con cualidades físicas que representan una ventaja importante, pero repito, el proceso debe empezar con tiempo suficiente; cuando los atletas son niños con ganas de aprender y no adolescentes que incluso van teniendo más prioridades con el tiempo (estudios, trabajo, etc…)
Por otro lado, no creo que hagan falta entrenadores cubanos en nuestro país. Al menos no en ciertos deportes, como el voleibol. Las razones son innumerables, pero comencemos con una que, aunque no parezca importante, llega a influir. No se puede comparar lo que siente un guatemalteco al ver a su selección nacional perder, que lo que siente un cubano. Guatemalteco es guatemalteco, eso se lleva en la sangre; no se aprende ni se adquiere con el tiempo. Se trae. Segundo, los cubanos, en el caso del voleibol no pueden pretender traer el tipo de juego de Cuba a Guatemala. Resulta ilógico en su totalidad. Los cubanos, por cuestiones de raza, son (por mucho) bastante más altos que los guatemaltecos, entonces el tipo de juego es más lento; ellos se pueden dar ese lujo porque la altura les ayuda. Los guatemaltecos por su parte, deben jugar rápido, es lo único que puede compensar los centímetros menos. Ningún cubano ha implementado eso en nuestro país (al menos no en las selecciones femeninas). Sin embargo, un entrenador guatemalteco con sentido común, sabría que el arma que poseen los chapines es la rapidez. Tercero, y muy importante, “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Un entrenador debe imponer respeto; después de todo, él es la autoridad. Si los jugadores no respetan al entrenador, ¿qué se puede esperar de él? Un entrenador debe tener el carácter suficiente para controlar a los atletas, si no puede con esto, que se retire. Estas, entre otras, son algunas de las razones por las que los mismos atletas preferiríamos entrenadores nacionales que estén dispuestos a invertir su tiempo y esfuerzo para llevar a un equipo a la victoria. No cubanos que talvez sólo están aquí porque, definitivamente, es mejor que estar en Cuba. No estoy generalizando, no es el caso de todos, pero se da frecuentemente, debo decir. Los errores están desde el principio. Las federaciones y asociaciones deben esforzarse por sacar adelante el deporte nacional en la juventud. Motivar a los pequeños para que anhelen con ser grandes. Impulsar más desarrollo en el deporte escolar, porque ahí es donde se desenvuelven los futuros atletas de Guatemala. Los cambios deben hacerse ya, porque el tiempo pasa y mientras otros países preparan a los futuros representantes de su nación, nosotros nos quedamos estancados con los mismos atletas de siempre que, eventualmente, ya no van a mejorar más porque llegaron a su máximo potencial. No se pueden aplastar las ilusiones de los jóvenes. Los atletas necesitamos motivación y apoyo. Ambos factores nos ayudan a aspirar a más. Y Guatemala puede aspirar a más. Hay talentos, pero hace falta buscarlos… y con tiempo suficiente.
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