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Más que un Deporte, Patriotismo Más que un Deporte: Por Stefany Bolaños ¿Qué tan patriotas somos? No pretendo que lo que estoy por escribir sea una comparación entre dos países y culturas diferentes, pero quiero resaltar algo importante que hace poco tuve la oportunidad de aprender. Cuba, un país en donde la palabra libertad debe escribirse entre comillas, pues no existe. Un país en el que sus habitantes viven oprimidos por la falta de oportunidades. Los ciudadanos no conocen más que lo que viven y ven día tras día. ¿Cómo estar en desacuerdo con lo que tienen si no saben cómo es tener algo más? No existe la libertad de expresión y si se le pregunta a algún cubano qué opina sobre su presidente, responden sin vacilar que están en total acuerdo con su política. Los deportistas se ven obligados a darlo todo de sí en las competencias y no obtienen recompensas materiales, pues las ganancias en efectivo van para el gobierno. Ya he tenido la oportunidad de ir a competir en voleibol dos veces a este país y la primera impresión de cualquiera que viene de afuera es un poco impactante. Los deportistas no tienen nada; no cuentan con excelentes instalaciones y ni siquiera con equipo deportivo decente. Muchos incluso juegan descalzos en la duela, y los que tienen zapatos los usan desgastados y arruinados por el paso del tiempo. Sin embargo, a la hora de jugar contra ellos se les puede leer el coraje en los ojos; las ganas de ganar. Y es que independientemente de lo que alcancen con el deporte (porque se supone que los atletas son los que más oportunidades tienen en Cuba), llevan pintado en el corazón los colores de su bandera y cada vez que salen de la isla, lo hacen para dejar una buena imagen de su país. Y esto tomando en cuenta que más de alguno está en total desacuerdo con su gobierno, con la falta de oportunidades y derechos, con la represión que los hunde en un círculo vicioso día con día… Aún así, hacen las cosas por su país, y después de cada competencia, regresan a sus hogares, se ponen sus zapatos viejos y desgastados, y siguen entrenando para el siguiente objetivo. Los desertores son considerados “traidores”, pero también hay que imaginar lo difícil que debe ser para ellos abandonar no solo su país, sino a su familia, y por si fuera poco: para siempre. Aún con todas estas cosas en su contra, los cubanos aman a su país. Cuando fui la última vez hablé con una voleibolista y me dijo que en Cuba era feliz, que podía salir a las dos de la mañana a caminar por las calles sin ningún miedo, que contaba con una excelente educación y que si en algún momento llegaba a enfermarse, gozaría del mejor servicio médico. No van a aceptar con facilidad que también es difícil, pero ¡creo que se desquitan en la cancha! Al ver esto, pienso que los guatemaltecos deberíamos tener un poquito de cubanos (y me refiero a los atletas específicamente); deberíamos ser más apasionados a la hora de representar a nuestro país. Deberíamos llevar el patriotismo en las venas, no sólo para las competencias, también para los entrenamientos. No sólo para las victorias, también para las derrotas. Después de todo, se trata de representar a un país y nosotros, en su totalidad, tenemos libertad. Usémosla para el bien de Guatemala. ¿Qué nos detiene? No puede ser una persona, un gobierno, una ley, un acuerdo. Somos libres, démosle esa libertad a Guatemala. ¿Qué tan patriotas somos?
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